sábado, 3 de diciembre de 2016

EL AGUAOR, EL LOTERO Y UN DESCONOCIDO CABALLERO...



Foto sin fecha.

Aunque el fotógrafo haya elegido claramente el asunto y el protagonista entre los pocos personajes que intervienen en esta breve y ordinaria escena, repetida otrora a diario en cualquier calle de Granada, para no desaprovechar nada de semejante escenario vivo ni de su parco pero selecto elenco, creo que sería lo más apropiado atenernos al orden exigido a los autores que escenifican por escrito un acto cualquiera de su obra anteponiendo una escueta acotación sobre la localización y el ambiente previos e indispensables para el despliegue tangible y concreto de la pieza dramática que ha surgido provista así, con toda esta tramoya, del interior de su minerva. Pero tal y como suelen hacer algunos autores, que generalizan y hacen ubicuos, a propósito, los rasgos de un determinado lugar sin hacer mención de su nombre propio, solo tenemos a la vista sobre esta escena el pavimento, las aceras y parte de los comercios de lo que podría ser una de tantas calles de menos tráfico e importancia que precisamente por esto mismo no acostumbran a merecer alguna de las corrientes y repetidísimas fotografías cuyo objeto reside en ilustrarnos el espacio más característico y distintivo de una determinada ciudad. Nos quedamos con la duda en este punto y con insuficientes datos observables de donde conjeturar una identificación cierta más allá de lo que sería una calle bien cuidada, con una anchura mediana e idónea para una modesta actividad comercial desempeñada en una serie de bajos de lo que debían ser probablemente pisos. Imaginemos un Zacatín o un lugar parecido, tal vez algo más holgado y llano si nos guiamos por las sombras próximas de la otra acera. Pero justo al verse proyectado por las naturales candilejas de una estación un tanto o mucho calurosa, dejándolo iluminado en sus más nimios e insustanciales detalles para esta verídica y gratuita función diurna, no vamos a echar ni lo visto ni lo entrevisto a la cuenta de lo común y lo trivial. Cuántas veces nos disponen nuestras divagaciones a satisfacer los desesperados anhelos de recuperar alguien o algo de lo que ya no existe contentándonos con volver a verlo vivo aunque solo sea la gracia de un segundo y en el aspecto más vulgar e insignificante que pudiera haber revestido en un día cualquiera de su vida. Un vislumbre de parecido regocijo nos lo proporcionan estos frágiles pecios de la aniquilación del pasado que son las fotografías por obra y gracia de tales trasfondos amputados y mezquinos como el que comentamos, banales o sugestivos, anodinos o dignos de primer plano, pero fundamentales para animar y provocar las menudencias de muchos episodios que vemos desarrollarse en una imagen estática. De hecho ¿qué otra cosa sino una céntrica calle castigada por una fuerte solanera haría comparecer, como en su natural elemento, al resto de personajes de nuestra escena: al itinerante e iterativo vendedor de lotería, al omnipresente y errabundo morador de nuestras calles de antaño, el aguaor, y a un ocasional y repulido cliente que le permite a éste último hacer demostración de su rutinaria y pronta manera de llenar ágilmente y con una sola mano un vaso de agua cristalina? En tal coincidencia estriba en gran parte el encanto de la fotografía porque de sobra sabemos que el porteador de agua, como solía traducirse dicho oficio a varias lenguas extranjeras, ha sido el protagonista de muchísimas postales de diversa edad, especie y factura pero, eso sí, normalmente solo o, en todo caso, caracterizado con los habituales adminículos vivientes o inertes que le sirven de auxilio en el ejercicio de su menester. No suele presentarse el caso de verlo retratado así, con alguno de sus muchos compañeros de fatigas, como el vendedor ambulante de billetes de lotería, ni junto a otros tipos que por motivos de mero asueto podían buscar las sombras de estas calles hace poco más o menos un siglo. Si consideramos a los dos primeros como exponentes de una muy identificable y característica clase social vemos que, desde el calzado hasta la prenda que les cubre la cabeza, se acusaba cierta variedad en el vestir ordinario. Diversos cortes de chaqueta, con solapa y sin ella, sobre chaleco o directamente sobre camisa, además de la boina o el sombrero cuya forma recuerda y encaja, en parte, con la descrita por un ilustre paisano, conocedor de la versión local del famoso catite. Leemos en El Niño de la Bola, novela de Alarcón, que “este sombrero era de finísima paja de color café, ancho de alas y muy alto y puntiagudo, como los que usan muchas gentes de América y de las Dos Sicilias, a cuya forma se da en Granada el pintoresco nombre de sombrero catite”. Sabemos en qué año murió nuestro gran novelista y la distancia que lo separaba del año presumible en que podemos fechar esta foto, evidentemente muy posterior. No obstante, por un lado, es un hecho comprobado que las clases populares son más reacias a cambiar o abandonar drásticamente su vestimenta como lo hacen otros grupos sociales que disfrutan de medios más desahogados o son más permeables a las modas además de que, en otro orden de cosas, esta variedad de sombrero de corona recta y pronunciada aparece, si no fabricado ya en fina paja, en otro material y como necesaria prenda de otros tipos populares coetáneos a esta foto. Llegados de pueblos o localidades netamente rurales aparecen tocados con este mismo sombrero el vendedor de miel o el famoso pavero que tan popular se convertía en Granada la víspera de Navidad, sin hacer mención de los asiduos a la feria de ganados del Salón o del Triunfo que también solían llevarlo justo por entonces en la época en que pudo ser tomada nuestra foto. De hecho, muchos granadinos de cierta edad aún lo reconocen en algunas fotografías que hemos publicado ambientadas pintorescamente en jornadas de estas mismas ferias. Pero lo que llama poderosa y gratamente la atención es el señor de más edad que observa y espera, moneda en mano, a que el aguador, enfrascado y abstraído seriamente en su faena, le ofrezca el vaso lleno de agua. Nos sorprende, como decimos, y alegra comprobar que el verano traía para las clases acomodadas un alivio o una liberación en los colores apagados, lúgubres y oscurecidos que predominaban durante el invierno en su indumentaria de abrigo. Aquellas capas, reliquia distinguida de caballeros de otros tiempos, junto a los sombreros imponían una severidad en los viandantes de nuestras calles del centro, por ejemplo, Reyes Católicos, que fotos de los primeros años del siglo XX nos trasladan ipso facto a las últimas décadas del XIX, lejos aún de aquel prometedor nuevo siglo. Aunque resulte algo extemporáneo a este respecto traemos, no obstante, a colación como argumento testimonial y de cierta autoridad, los comentarios que dejó Pérez Galdós sobre la moda uniforme, desleída y adusta de la segunda mitad del XIX, desprovista del bizarro colorido vigente entre las clases populares de principios del XIX cuando aún no se había impuesto ni el dictado ni el monopolio de que gozó la industria británica. Una moda también de ribetes foráneos, aunque de signo opuesto, eran parte de este risueño desembarazo del canotier, que tanto privaba en cabezas de todas las edades hace justo un siglo, así como los tonos claros que delatan algunos detalles de la vestimenta de este señor de más edad. A pesar de llevar una convencional americana guayabera tal y como lo harían y lo han hecho hasta hace poco tiempo muchas personas de su edad, el estilo Oxford de su calzado crema o blanco confirma todo lo que decimos sobre la rejuvenecida moda que tomaba nuestras calles en los días de verano. Imperturbables en lo básico de su atuendo permanecían, como vemos, los más humildes como nuestro aguador que, como decíamos al principio, ostenta los honores de protagonista de esta pintoresca y vívida foto. Con su garrafa, la cesta de los vasos y la anisera se apañaba para llevar el vaso agarrado con una mano mientras que con el pulgar de la otra, asida de la correa que agarraba la garrafa, tensándola la hacía volcar para derramar la cantidad de agua suficiente. Como sabemos bien, mucho antes de su desaparición, los aguadores se habían convertido en uno de los símbolos populares de las tradiciones más entrañables de Granada. Si los consideramos así, incluso ya sublimados con el halo de nostalgia que le ha prestado su definitiva desaparición, tal vez no atendamos a otra realidad, mucho menos idílica, que explicaban más prosaicamente su función y su razón de ser. Cuando en Madrid el moderno y seguro abastecimiento de aguas con el Canal de Isabel II los había ya licenciado en años de aquel remoto reinado, acallando también la leyenda particular que se atribuía al agua de sus diferentes fuentes, en Granada seguiríamos casi un siglo largo más dependientes de esta manual distribución del agua por la rémora de una anticuada e insalubre red potable de aguas. A los ojos de un filósofo como Don Angel Ganivet esta explicación sería cuando menos un motivo más de mofa que un natural de esta tierra debiera considerar como un necio atentado a uno de nuestras más preciadas esencias. El acarreo y la venta de agua cumplidos por nuestros aguadores fue un aliciente costumbrista, un medio de vida para muchos padres de familias que, como dice el propio Ganivet, podían ser “un albañil que busca un sobrejornal para dar una vuelta de ropa a su gente” y, por ello mismo, un paciente y merecido protagonista de nuestra difícil e íntima historia.

DÍDIMO FERRER.


sábado, 19 de noviembre de 2016

CRÓNICA DE LAS VI JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

Este mes de noviembre, las Jornadas de Novela Histórica de Granada nos han regalado muchos buenos momentos y mejores encuentros, pero sobre todo, nos han dejado muy claras dos cosas, y de ellas me voy a servir para contaros lo que fueron estos tres días de trabajo e ilusión.

La primera, sin lugar a dudas, que el interés por la narrativa histórica sigue muy vivo y es cada vez más fiel. Y digo narrativa, que no novela, porque en estas jornadas se habló también de relato, de teatro y hasta de historiografía. Cada año se demuestra que quién viene a conocernos, repite, y en ese empeño seguimos arañando afluencia, aunque sea de poco en poco, a mítines políticos, y lo que es más heroico aún, a partidos de la selección española.



El interés sigue ahí, año tras año, y comprobar que a estas alturas tenemos un público fiel es también buena señal, indicativo de que las cosas se están haciendo bien. Mantenemos esquemas de años previos que se demuestran acertados; ofrecemos nuevas actividades con que tentar a posibles asistentes. Ambas cosas tuvieron éxito, y nos alegramos por ello.

Entre nuestras nuevas actividades, la que inauguró nuestras Jornadas en la tarde del viernes 11: un taller de recreación que, bajo el título Roma Vincit, nos permitió aprender sobre la acuñación de moneda y las fórmulas de vestimenta en la Roma antigua, todo ello conducido por Daniel Sánchez y Aránzazu Medina.


El sábado amanecimos decididos a seguir aprendiendo y disfrutando en la Biblioteca de Andalucía. Comenzamos la mañana con una recreación de la evolución del armamento romano y las técnicas de combate de las legiones, una demostración magistral a cargo de algunos miembros de la Legio I Vernacula que sirvió como perfecta apertura para los platos fuertes de nuestras jornadas: las presentaciones de autores.



Nuestros autores de este año nos trajeron lecturas de toda clase, pero nos introdujimos en nuestro mundo de novela histórica de la mano de Andrés Nadal y su novela, La legión de los justos, que nos traslada al Imperio de Nerón, a la primera guerra de los judíos contra Roma en el año 66 d.C. y, en definitiva, a un mundo en el que las corrupciones políticas, la ausencia de una ética social, y el dominio de quienes controlan el capital nos hace pensar en momentos mucho más cercanos… por no decir actuales. Una revisión de un pasado lejano que, sin embargo, se hace cercano por la pervivencia de temas —y problemas— que siguen siendo universales en nuestra época.


Como viene siendo habitual, se presentaron los avances del proyecto de la Universidad de Granada, La novela histórica como recurso para la didáctica de las Ciencias Sociales, de la mano de su coordinador, Andrés Palma, y una de las profesoras de la Facultad de Ciencias de la Educación.


La tarde se dedicó en exclusiva a la presentación de tres novelas fantásticas que recrean el panorama de la España medieval y moderna: La ciudad, de Luis Zueco; La corte de los engaños, de Luis García Jambrina; y la nueva novela de nuestro director, Blas Malo, titulada Lope, la furia del fénix. La presentación fue todo un lujo, no sólo por la posibilidad de conocer las tres novelas, sino por la capacidad que estos autores, moderados por Carolina Molina, tuvieron para ahondar en muchos temas sobre el tratamiento de la Historia en la novela.


La mañana del domingo, pudimos hacer nuestra particular aportación al año cervantino con la presentación de Cervantes tiene quién le escriba, una antología de relatos coordinada por Ana Morilla y Carolina Molina en la que, además, se reunió a veinte autores del panorama nacional de novela histórica. Todo un lujo condensado en poco más de doscientas páginas que hacen las delicias de todos: amantes o profanos en lo que a Cervantes se refiere.


El colofón de nuestras Jornadas lo puso Adolfo Liñán, con su siempre enriquecedor conocimiento sobre el pasado de Granada, una historia contada mediante el testimonio gráfico de la fotografía antigua que nos mandó a casa con una sonrisa por lo aprendido, y algo de pena por haber terminado.


Pero me referí a dos cosas que quedaron claras este pasado fin de semana, y la segunda es aún más importante si cabe: comprobar que, un año tras otro, los esfuerzos invertidos se demuestran recompensados. Merece la pena. Otra vez el cansancio, el estrés y las prisas, pero siempre, sin que quede lugar a la duda, nos vamos sabiendo que el trabajo está hecho sólo hasta el momento en que te pones una meta más alta, más sublime.

Hay que seguir y seguimos. Como siempre, con ilusión, y con satisfacción por lo conseguido. Nos vemos antes de que dé tiempo siquiera a contar los días: el 26 de noviembre tenemos una cita en la Librería Picasso para seguir hablando de literatura, de novela, de historia y, en definitiva, de nuestra pasión por la letra escrita.

Nos vemos en la próxima.

Sara Esturillo.



miércoles, 16 de noviembre de 2016

VI JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

Mientras preparamos la crónica de todo lo acontecido el pasado fin de semana durante las VI Jornadas de Novela Histórica de Granada, os adelantamos un breve repaso fotográfico de las diferentes actividades y mesas de las que han estado compuestas. 
Contentos y satisfechos, desde la asociación de las JNHG agradecemos todo el apoyo prestado por los asistentes, participantes y colaboradores de este proyecto. Hemos pasado un fin de semana fantástico de historia y literatura...

Asociación de las JNHG.











viernes, 11 de noviembre de 2016

DÍDIMO FERRER: LOS JARDINES DEL TRIUNFO

Hoy han comenzado las VI Jornadas de Novela Histórica de Granada. No olvidéis que el domingo por la mañana contaremos con las excelentes explicaciones de Dídimo Ferrer sobre cómo ha evolucionado en el tiempo un espacio granadino muy querido por todos: los jardines del Triunfo. 
Os esperamos...





sábado, 5 de noviembre de 2016

TALLERES DE CULTURA ROMANA EN LAS VI JORNADAS

GRUPO DE INVESTIGACIÓN GAECATAO

UNIVERSIDAD DE GRANADA

Toda cultura tiene elementos que la caracterizan y, en ocasiones, la hacen única. En el caso de la Antigua Roma, muchos de estos elementos han sido tomados y adaptados hasta llegar a la actualidad. Por ello, el conocimiento de aspectos tales como su vestimenta o sus monedas se vuelven más interesantes y cruciales para poder entender nuestra propia sociedad. 

En los talleres-conferencia de cultura romana “ROMA VINCI” realizados por el Grupo de Investigación GAECATAO, se busca realizar un acercamiento a todo tipo de público de los aspectos más relevantes de la cultura romana a través de dos talleres: Toga, paludamentun, caligae sobre vestimenta; Solidumaurem sobre numismática. 

El objetivo de los mismo, es mostrarlas características propias de ambos elementos mediante una conferencia que será complementada con una sección participativa mediante la intervención del público asistente que podrá vestir como un auténtico romano y manejar material, haciendo así el aprendizaje más dinámico y entretenido.

Intervendrán en las VI Jornadas de Novela Histórica de Granada con actividades de divulgación de la cultura romana (VIERNES 11 de Noviembre, por la tarde, Biblioteca de Andalucía)






domingo, 30 de octubre de 2016

BLAS MALO NOS HABLA SOBRE SU NOVELA "LOPE, LA FURIA DEL FÉNIX"

1.- Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy ingeniero y escribo novela histórica. La ingeniería es mi trabajo alimenticio, aunque ya no puedo vivir sin la literatura. Me apasiona la historia, he dado conferencias divulgativas sobre diferentes periodos y he participado como recreacionista en diferentes eventos con el grupo BattleHonours. También he realizado rutas literarias por Granada sobre mis libros. Hasta ahora he publicado cuatro novelas históricas, todas con Ediciones B (El esclavo de la Al-hamrá, El Mármara en llamas, El señor de Castilla, y la última, Lope. La furia del fénix). Actualmente soy director de las Jornadas de Novela Histórica de Granada y presidente de la asociación cultural del mismo nombre que las organiza.

2.- ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Se titula Lope. La furia del fénix (Febrero 2016, Ediciones B)

3.- Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

En este año 2016 que se celebra el centenario de la muerte de Cervantes, y en el que Cervantes y Quijote parecen abarcarlo todo, he querido dar luz sobre otros grandes escritores del Siglo de Oro. Con mi novela ilumino la figura de Lope de Vega, es el personaje central y transcurre en el s.XVII, y es el contrapunto a Cervantes, con el que se llevaba fatal. Y sin embargo, no había ninguna novela sobre él, siendo tan importante como el autor del Quijote. Su vida es increíble y llena de contradicciones. Mereció mi atención. 

4.- ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado en ambos formatos de la mano de Ediciones B. Para quien quiera leer los primeros capítulos gratis, los puede encontrar en:

http://www.blasmalopoyatos.com/samples/Sample_LOPE_furia.pdf

5.- Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Lope, enorme e inabarcable, mantiene una difícil y complicada relación con Claudio Conde, su gran amigo, y que le otorga una gran humanidad. Sin duda es mi preferido. Este personaje existió, aunque hay pocos datos sobre él, salvo lo que el propio Lope nos dice. Con él hago juego de espejos y sombras frente a la vida de Lope; y es el mismo personaje que nos habla en la sinopsis de la novela. Luego por supuesto, están sus mujeres, de la que destacará Isabel de Urbina y Micaela de Luján, dos mujeres totalmente contrapuestas.



6.- Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Enlazando a partir de otros personajes que me inspiran gran admiración y que como Lope, eran insomnes. El emperador bizantino Justiniano; los visires granadino Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak; Don Juan, hijo del infante Manuel; y leyendo sobre grandes insomnes, llegué a Lope. Lo comenté con mi agente y me animó a escribir sobre él. No he quedado decepcionado: en más de una ocasión me he visto reflejado en los sucesos de su vida, cuatrocientos años atrás.

7.- La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Al principio del proceso de documentación, tenía serias dudas de poder realiza el proyecto. ¡Se ha escrito tanto sobre el Siglo de Oro y sobre Lope a nivel académico! Dejé reposar la idea un tiempo, y luego, cuando descubrí su faceta más humana, decidí que era esa faceta la que quería reflejar. Acercar el hombre al lector, fuera de la erudición académica. Durante los primeros seis meses leí biografías y teatro, y su amplia correspondencia epistolar. La escritura llevó otro año, durante el cual seguí documentándome y buscando pistas en su teatro. Él reflejaba su vida en sus comedias, con las que tanto éxito obtuvo para tirria de Cervantes. Se cuenta que escribió 1600 comedias. No, no me las he leído todas, pero sí he seleccionado algunas que me parecían más interesantes y que aportaban datos ocultos de su pasado.

8.- ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

Hay muchos detalles de su vida remarcables. Por ejemplo, cuando en pos de una mujer, de una amante que vivía en Toledo, era capaz de recorrer a caballo en un día la distancia que separaba Madrid y Toledo, ida y vuelta, para saciar su pasión. Seis horas ida; seis horas vuelta. O que era capaz de permanecer insomne tres o cuatro días, con tal de terminar los pliegos de una comedia comprometida. No sólo escribió una vastedad enorme de títulos, sino que le dio tiempo a vivir con gran intensidad, ¡y a revisar y reescribir varias veces sus obras! Mantuvo su energía vital hasta el final. Fue diestro con la espada, y no rehusaba los duelos, lo que le trajo bastantes problemas en su juventud. Incombustible, indestructible, como el ave fénix.

9.- ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

No sólo por ser pura evasión, es un canto a la vida y a la existencia de un hombre extraordinario y a la vez lleno de virtudes y defectos, donde nos veremos reflejados en más de una ocasión en sus sinsabores y sus triunfos. Recorreremos la España de la picaresca y de los galeones de Indias, del teatro y de la inquisición. Sevilla, Madrid, Valencia y Granada son sus escenarios de época principales.

10.- Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

Este es el inicio, podéis leer más en: www.blasmalopoyatos.com

CAPITULO 1

ALBIÓN

LISBOA, 27 DE MAYO DE 1588

Aquel tremendo devorador de vidas femeninas era insaciable. En el reposo que la noche daba al trajín de carreteros, yuntas de abastos, herreros y cordeleros, carpinteros y gentes de dinero, marinería sin un ochavo y galeotes encadenados, los muelles hervían de pasos y figuras embozadas, entrando y saliendo de tabernas y mesones y de los callejones más oscuros y lascivos de aquella ciudad tomada por la enorme armada que nunca antes rey español imaginara. La vida se bebía a grandes tragos como si fuera a agotarse, porque sólo quedaban dos días para la partida; así lo habían decretado los mandamases. Un frenesí dominaba la ciudad a los pies del río Tajo, y quien no estaba en confesión y remisión de sus pecados los estaba cometiendo todos juntos y en tropel por si no había nueva ocasión para ello. En la penumbra lujuriosa de mujeres gimientes y machos amenazantes el fresco aire marino sacudía los cartelones colgados, haciendo crujir cuerdas y eslabones, y bajo ellos Claudio corría de taberna en taberna, de lupanar en lupanar, con el resuello cortado por el agotamiento en busca de aquel a quien había perdido en aquella noche que ya acababa.

—¡El poeta, el poeta! —preguntó a una vieja alcahueta que reconoció, y sus palabras fueron atendidas mientras gemidos, risas y música marinera con coros borrachos escapaban a borbotones desentonados tras los postigos de las ventanas iluminadas por velas casi consumidas y candiles. La vieja le señaló la escalera, pero no se movió en tanto no recibió unas monedas en sus manos mugrientas, monedas que contó con vileza. Él ya había gozado con dos negras de las Azores y estaba exhausto; y su amigo, incontenible, había escapado del burdel en busca de nueva presa y nuevos goces. ¡Así es la vida, cuando se huele la muerte!

—¡Lope! ¡Maldita sea, dónde estás! —aporreó con ansiedad las puertas de los cubículos; un portugués del Algarve había aparecido a las voces de la alcahueta con aires chulescos y un puñal en la mano.


Al alboroto siguieron golpes en la portezuela, pero el buscado no los oyó. Se agarró con más fuerza a los bordes del lecho revuelto, él sobre ella. La llama de la vela se agitó y la hembra que aferraba se arqueó, llamando con los ojos cerrados a los santos que conocía mientras el hombre la hollaba por detrás entre sábanas sudadas de olor acre y las voces del pasillo; y sin poder resistirse más la mujer jadeó hasta gritar, seguido por el éxtasis del extranjero. Los quejidos de los largueros cesaron, llegó el reposo; los amantes se besaron y sonrieron aliviados de sus afanes, derrumbados sin aliento en la penumbra disfrutando del calor de la carne. Y el perfil de la mujer, satisfecho, voluptuoso, con sus largas pestañas y su largo cabello negro revuelto a un lado, le inspiró nuevos versos que paladeó un instante antes de que los golpes volvieran a sonar en su puerta, que se abrió de repente.

—¡Lope, por todos los santos! —El guardián no dejaba de mirarles desde el quicio. La mujer, soñolienta, ni se molestó en cubrirse—. Que pronto amanecerá. ¡Poeta loco! ¡Apresúrate o nos quedaremos en tierra! ¿Ganar honra, no era eso lo que queríamos? ¡Venga, la ropa, la capa, la espada, el sombrero, ponte las calzas, el calzado! 

—Tengo sed. —No dejaba de mirar a la mujer, que medio sonrió, mostrando su sexo velludo, sus carnes acogedoras, sus pechos generosos. Ella no apartaba su vista de aquel hermoso cuerpo de hombre joven, lampiño y bien dotado— ¿No hay más vino? ¿Me dejarás en ayunas?

Claudio no pudo menos que reírse. El del Algarve repiqueteó en las jambas, resoplando. Dio una voz de advertencia; la portuguesa suspiró.

—Volverás, español loco.

Lope se anudó las calzas y el pantalón, y buscó su bolsa gastada y casi vacía mientras se ponía la camisa, arrugada sobre un arca.

—Aquí están mis últimos escudillos, ¡tristes testigos de Madrid!

—Guárdalos; yo no cobro a los que me placen cuando disfruto —y ella, con sorna burlona, hizo un ademán altivo mientras cubría su fecunda desnudez con la sábana deshilachada. 

Claudio arrancó de la mano de su amigo varias de aquellas monedas, las tendió al guardián y con una reverencia guasona los dos calaveras dejaron casa, alcahueta y callejón, borrachos de cansancio. El alba llegaba, desvaneciendo estrellas en el este. Lope se volvió y lanzó un beso con la mano a la fachada. Una mujer no dejaba de observarle desde la ventana en penumbra.

—¡Vino, Claudio! —dijo Lope, bostezando.

—Otra más, encoñada. ¿Y cuántas van, oh insaciable? —se burló su amigo.

—¡Cuántas! No las he contado. ¡Allí, al horno! ¡Huelo pastel de carne!

domingo, 23 de octubre de 2016

LUIS GARCÍA JAMBRINA NOS HABLA SOBRE SU NOVELA: LA CORTE DE LOS ENGAÑOS

1.- Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

-Soy novelista y profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca. En cuanto a mi formación, soy doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y máster en Guion de Ficción para Cine y Televisión por la Universidad Pontificia de Salamanca. He sido crítico literario durante muchos años y he cultivado con cierta asiduidad el ensayo. Después de publicar dos libros de cuentos, di a la luz mi primera novela, El manuscrito de piedra (Alfaguara, 2008; Ediciones B, 2014), galardonada en 2009 con el prestigioso Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, de la que han aparecido numerosas ediciones y varias traducciones. Después he publicado, con éxito de público y crítica, El manuscrito de nieve (Alfaguara, 2010; Ediciones B, 2016), En tierra de lobos (Ediciones B, 2013), La sombra de otro (Ediciones B, 2014) y Bienvenida, Frau Merkel (Salto de Página, 2015).

2.- ¿Cómo se llama tu nueva novela?

-La corte de los engaños (se publicó el 4 de octubre de 2016)

3.- Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

-La novela se centra en un acontecimiento histórico no demasiado conocido que pudo cambiar el rumbo de España y de Europa: el atentado sufrido en Barcelona por el rey Fernando II de Aragón. En ella se hace un recorrido por un año decisivo 1492. Y se sitúa fundamentalmente en dos ciudades singulares: Granada y Barcelona. Pero lo más importantes es que está narrada y protagonizada por tres mujeres extraordinarias: Beatriz Galindo la Latina, maestra de latín y dama de la reina; Catalina de Dalt, una noble catalana ambiciosa y sin escrúpulos; y Sara Dertosa, una joven judía con un destino incierto. Entre las tres, nos ofrecen una mirada distinta y más profunda de la época y de la corte de los Reyes Católicos. Es una época, por cierto, de grandes mujeres, empezando por la reina.

4.- ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

-Se ha publicado en papel y edición digital por la editorial Espasa. www.planetadelibros.com

5.- Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

-Beatriz Galindo representa la mayor cercanía a la corte, Catalina es la que se enfrenta a los reyes de una manera abierta y Sara es una víctima inocente de las decisiones reales. Para mí ha sido un gran reto ponerme en la piel de tres mujeres tan diferentes y de una época tan lejana a la mía y tratar de empatizar con ellas, y, sobre todo, que resulten verosímiles. En principio, mi favorita es Sara, la joven judía que sufre en sus carnes y en las de su familia el decreto de expulsión de los judíos de España. Esa trágica experiencia la hace madurar de golpe y la convierte en una mujer valiente y luchadora, capaz de casi todo, sin dejar de ser fiel a la memoria de los suyos. La que más problemas me ha causado fue Catalina de Dalt; no en vano es una mujer muy rebelde, díscola y sin escrúpulos, pero, al final, es la que más me conmueve. Beatriz es la más equilibrada y, por otro lado, la más compleja y heroica.

6.- Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

-Hace años, cuando preparaba mi primera novela, El manuscrito de piedra, me topé con este sangriento suceso, que enseguida me fascinó; de hecho, aludo ya al atentado en esa novela. Pasado el tiempo, volví a él y decidí convertirlo en el eje central de La corte de los engaños. Por un lado, es un acontecimiento histórico que tiene una gran relevancia, pues, si el rey hubiera muerto —y la verdad es que estuvo a punto de perecer—, habría cambiado de forma notable la Historia de España y de Europa. Por otro, es un suceso lleno de intriga y de misterio en el que se dan cita las conspiraciones políticas, los deseos de venganza, las pasiones desatadas, la piedad y la violencia, el amor y el odio…


7.- La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Mis dos primeras novelas se sitúan ya en esa época; así que ya tenía buena parte del camino hecho. Luego me leí todo lo relativo al atentado, que tampoco es demasiado. Y, por último, me documenté mucho sobre Granada y Barcelona en ese momento. Fueron varios meses de trabajo previo al de escritura. Pero lo importante es saber seleccionar y dosificar la información. 

8.- ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

-Sobre Beatriz Galindo no hay demasiada documentación, a pesar de ser la mujer más culta de su época, al menos no la hay sobre la época que a mí me interesaba. Pero poco a poco fui descubriendo algunos datos, a veces entre líneas, que apuntaban a una posible relación entre el rey Fernando y ella, que era muy guapa. Ese suceso marcará la vida de esta dama y consejera de la reina. Pero no puedo contar más.

9.- ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque ofrece una mirada nueva y distinta sobre el momento más decisivo de la Historia de España; porque trae al presente un acontecimiento muy relevante, pero poco conocido y poco tratado; y, sobre todo, porque nos ofrece un retrato en primera persona de tres mujeres extraordinarias, cuyos relatos se entrelazan para tejer un gran tapiz en el que se mezclan las historias particulares e íntimas con la Historia general y colectiva. 

10.- Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

[Así comienza el relato de Beatriz Galindo:]

Hay años en los que los acontecimientos se suceden y eslabonan de tal forma que apenas tenemos tiempo de asimilarlos; años en los que las vidas y destinos se entrelazan y bifurcan una y otra vez; años en los que todo parece pender de un hilo tan sutil que en cualquier momento podría romperse. Años, en fin, de incertidumbre, de encrucijada, de expectación… El de 1492 fue uno de esos periodos. Naturalmente, no todo lo que en él ocurrió fue bueno ni justo ni encomiable; de hecho, yo aún no sé muy bien cómo calificarlo. Annus mirabilis aut horribilis? (¿Año maravilloso u horrible?). Para unos, sin duda, fue un annus mirabilis; para otros, más bien horribilis. Para mí, Beatriz Galindo, fue el mejor y el peor de los tiempos, pues en él se entremezclan hebras de oro con las de lana negra, lo que me ha dejado, desde entonces, una extraña sensación agridulce en la memoria…

[Así comienza el relato de Catalina de Dalt:]

Con razón dicen que las malas noticias viajan a caballo y las buenas a pie. La de la caída de Granada debió de hacerlo en un corcel volador, pues llegó a Barcelona al poco tiempo de haberse producido, cogiéndonos a todos por sorpresa y con el pie cambiado. Cuando digo a todos, me refiero, claro está, a los míos, a los de mi estirpe, y, por extensión, a los pocos nobles levantiscos que aún quedaban en Cataluña. Después de tantos años de campaña, la mayoría de nosotros pensábamos que la guerra contra el reino de Granada se había estancado de forma indefinida. Y hete aquí que, de repente, nos llegaban nuevas de que Isabel y Fernando, Fernando e Isabel, pues la verdad es que estaban hechos el uno para el otro, aunque en un principio ninguno de los dos estuviera destinado a ser rey, acababan de entrar en la Alhambra con grandes muestras de poderío y magnanimidad…

[Así comienza el relato de Sara Dertosa:]

Los recuerdos se agolpan y entremezclan de tal forma en mi corazón que me resulta muy difícil ordenarlos e insertarlos, como si fueran las cuentas de un collar, en este relato al que ahora doy comienzo para que, en el futuro, puedan leerlo mis hijos y los hijos de mis hijos y las sucesivas generaciones, porque ellos tienen derecho a saber de dónde vienen y quiénes fueron sus antepasados, los lugares en los que hemos vivido y lo mucho que hemos sufrido hasta llegar aquí. Corría el año 5252 de la Creación, que, en el calendario vulgar, se correspondía con el de 1492 de la era cristiana, de infausta memoria para nuestro pueblo por lo que aconteció en Sefarad. En los meses previos, pocos fueron los que presagiaron que algo así iba a suceder. Ninguno de nuestros sabios astrólogos observó nada extraño en la disposición de las estrellas. Ningún profeta nos avisó con la debida antelación de que debíamos prepararnos…

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA