domingo, 3 de julio de 2016

JOSE BARROSO NOS HABLA SOBRE SU NOVELA"EL SECRETO DE ARUNDA"

1.- ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Se titula "El Secreto de Arunda". 
Arunda es el nombre antiguo de mi ciudad natal, la bellísima Ronda.


2.- Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

La novela se desarrolla durante la reconquista de la ciudad por parte de los reyes católicos. Hay un oscuro pasaje histórico gracias al cual, el ejército de los reyes encontró un acceso secreto a una ciudad que parecía verdaderamente inexpugnable. La novela relata el conjunto de hechos, peripecias y casualidades que llevaron a la caída de la plaza más fuerte de Al-Andalus.

3.- Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Pues tengo que decir que la idea surgió hace algunos años en clase de historia y estando en la propia Arunda (hoy Ronda). Repasábamos esta parte de la historia y el profesor nos nombró de pasada este pequeño gran misterio. Mi imaginación de escritor hizo el resto.

4.- La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

En total necesité algo más de dos años para escribirla, pero no fueron continuos, por lo que desde que la empecé hasta que logré terminarla, transcurrieron algo más de cinco años.

5.- Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

El Secreto de Arunda es la tercera novela que publico. Las dos anteriores, EL Ocaso de Alejandría y El Ocaso de la República, forman parte de una saga y se centran en el cambio de la republica al Imperio Romano.

EL Ocaso de Alejandría lleva más de año y medio entre las más vendidas en el apartado de Novela Histórica y me da muchas satisfacciones. Espero que siga así. Es el principio de la saga IMPERIVM y vivo una promoción continua con ella.


6.-Entre la publicación de tu primera novela EL Ocaso de Alejandría y la última El Secreto de Arunda, han pasado 2 años qué crees que ha cambiado en el mundo del libro desde entonces.

Creo que sobre todo la irrupción de los formatos digitales. Cuando salió al mercado mi primer trabajo, los lectores de libros en formato digital eran una minoría. Hoy son prácticamente el 50%. 

Yo personalmente vendo más en formato digital que en formato libro. La principal diferencia es que empezamos a pensar, a maquetar, y a crear formatos que sean atractivos desde el punto de vista digital, además del tradicional.

7.- ¿Y del ebook, qué opinas?

Es el futuro. Por facilidad, precio, difusión y alcance. Siempre quedaran románticos del formato libro, entre los que me incluyo, como quedan amantes del vinilo entre los aficionados a la música. Pero no creo que el crecimiento de los nuevos formatos tenga marcha atrás.

8.- ¿Qué sacrificaste o sacrificas a diario para poder escribir?

Supongo que todo escritor renuncia a parte de su vida social para escribir. Yo necesito cierta introspección, tranquilidad y concentración, que encuentro en casa, estando solo y sobre todo los fines de semana. Cuando otras personas están relacionándose o tomando algo, yo estoy narrando las batallas de Julio César. En cualquier caso es un sacrificio muy satisfactorio cuando consigues el favor del público.

9.- Enséñanos tu trabajo ¿tienes página web? ¿Podemos leer on-line algún capítulo de tus libros?

Si, tengo página web, www.jose-barroso.com

No tengo cargados capítulos de mis obras pero se puede estar al tanto de novedades y de mis artículos en prensa, que cargo en el apartado «blog» tiempo después de ser publicados. 

10.- Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

Un cuerpo oscilante es balanceado por la suave brisa del atardecer. Los chiquillos, sucios, harapientos y acostumbrados a la escena, juguetean a su alrededor, ignorando al difunto. La soga de la que cuelga, curtida en mil y una ejecuciones, cruje de forma seca con cada movimiento y hace girar lentamente el cadáver. Una madre reclama la atención de los niños para que se alejen del patíbulo y dejen en paz al fallecido. A cierta distancia, un hombre de mediana edad ricamente ataviado, observa la macabra escena con lágrimas en los ojos y labios apretados con rabia. Su tez blanca y sus cuidadas manos delatan su origen burgués y acomodado. Sin embargo, una barba que lleva varios días sin ser rasurada y las prominentes ojeras azules dan al traste con lo que pretende ser una cuidada imagen en aquel desconocido.

Anochece en Sevilla. El olor empieza a ser pestilente y el tenue sol ya no calienta, aunque las protestas del populacho exigiendo el comienzo de las obras del alcantarillado han sido fuertes. Todo se solucionó con un austero reparto de grano; la plebe estará tranquila y callada otro par de meses. Además, el ahorcado empieza a descomponerse, así que al percibir la fetidez el hombre da lentamente media vuelta y se aleja por un callejón cabizbajo y pensativo. Solo las voces de los niños jugueteando rompen la paz en la plaza de Oriente. Sobre los arcos de los pórticos aledaños, que ofrecen cobijo a algunos perros escuálidos y elevan la edificación hasta los tres pisos, las altas ventanas están desiertas y solo algunas permanecen cerradas con su doble hoja de madera apolillada y carcomida. En el resto, aparece la luz parpadeante de las primeras velas que iluminan los lúgubres interiores. Las fachadas, encaladas una y otra vez, aparecen ahora amarillentas, y las puertas, bajo los arcos de piedra maciza, casi no se ven.



martes, 21 de junio de 2016

ELISA VÁZQUEZ DE GEY NOS PRESENTA SU OBRA "UNA CASA EN AMARGURA"

Preséntate a tus nuevos lectores 

Me llamo Elisa Vázquez de Gey y soy de Lugo. Vivo y escribo en Galicia. Mi trayectoria como escritora comenzó en la poesía y con los años fue derivando hacia la biografía y la novela histórica. He publicado Anita Delgado, Maharaní de Kapurthala (Planeta, 1998); El sueño de la Maharaní (Grijalbo, 2005) y La Princesa de Kapurthala (Planeta, 2008). 
Mi obra más reciente, la que os estoy presentando, salió a la venta en julio de 2015 y se titula Una casa en Amargura. Es una novela histórica ambientada en La Habana colonial que aborda el poco explorado tema de la esclavitud doméstica femenina en la Cuba española de los años anteriores e inmediatamente posteriores a la abolición (1850-1885). 

Una casa en Amargura está publicada en papel por Ediciones B de Barcelona (Colección “Grandes Novelas”), disponible en formato electrónico y tiene su propia web: 



¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Los que me conocen daban por cierto que, en mi caso, el salto de los extravagantes palacios de los maharajás al universo de las mujeres esclavas en la Cuba colonial solo era cuestión de tiempo. Sabían que las dos Indias, la de incienso y jazmín y la de la palma y la caña, ocupaban en paralelo mi derrotero literario. De ahí que contar cómo surgió “Una casa en Amargura” me obligue a revivir una complicada singladura. 

Veréis, tras varios libros centrados en el mismo personaje (Anita Delgado, la Princesa española de Kapurthala) me surgió la oportunidad de viajar a La Reunión, en el ultramar francés. Era 1998 y la isla conmemoraba el 150 aniversario de la abolición de la esclavitud.

En un atardecer de tertulia y ron alguien mencionó, con toda naturalidad, que sus antepasados habían sido esclavos “en la vainilla”, y que una de las mujeres de su familia, nacida en esclavitud, había obtenido la condición liberta, a la edad de veintitrés años, por testamento de su ama. Añadió que, cuando la joven se supo libre, lo primero que hizo fue lanzarse a la calle y suplicar a cuantos conocía que le prestasen dinero porque necesitaba... ¡comprarse un esclavo! Ante mi pasmo, el narrador puntualizó que el esclavo que su antepasada quería comprar era su propio esposo. Separados a la fuerza, a él lo habían puesto a la venta y el amo acababa de fijarle precio. La única solución para vivir juntos era que ella lo comprase aunque, por la misma naturaleza del acto jurídico, él pasase a ser un esclavo y de su propiedad.

Todavía recuerdo el desasosiego que me causó su relato. Y el asombro aumentó cuando conocí el final de la historia: treinta años después la esposa había logrado pagar el carísimo préstamo y, además, había reunido dinero para acudir a un notario y encargar una carta de libertad que “ahorrarse del estado de servidumbre” a su esclavo. Le había regalado la libertad a su esposo.

La chispa literaria se había encendido. Supe que iba a escribir sobre la esclavitud y que el perfil de mi protagonista respondería al de aquella valiente y esforzada mujer. Y me preguntaba si en la España colonial del XIX habrían tenido lugar episodios similares…  

¿Cuánto tiempo te llevó la fase de documentación? ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste?

Inicié la documentación en fuentes reunionesas y africanas con idea de continuarla en España pero, una vez aquí me di de bruces con la realidad. Nuestra historia apenas menta la esclavitud colonial y, lo que en el ultramar francés constituye un valioso corpus de relatos, recopilados y compartidos, en el contexto esclavista peninsular permanece velado. Así pues, centré mi investigación en la Cuba del siglo XIX, foco esclavista por excelencia del tabaco, del cacao y sobre todo de Su Majestad el Azúcar. 

Viajé a La Habana en varias ocasiones a lo largo de 5 años. Los archivos y bibliotecas de La Habana me ofrecían un excelente anclaje histórico y sociológico, por lo que decidí ambientar la novela en los años anteriores e inmediatamente posteriores a la Ley que ordena el cese del estado de esclavitud en la Isla de Cuba (1880), un tiempo en el que Real Villa, pese a que la Isla estuvo involucrada en dos guerras contra España, disfrutaba la mayor de las opulencias.

Con el telón de fondo de una metrópoli bulliciosa, poblada de militares, gallegos buscavidas, nobles españoles, acaudaladas familias criollas y esclavos africanos y chinos, mi intención era dar con un espacio recoleto donde recrear la vida cotidiana de amos y siervos; un contexto familiar que ayudase a exponer aspectos poco conocidos de la esclavitud. Y lo encontré en la calle Amargura, la arteria que une la Plaza de San Francisco con la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. No en vano ya en 1857, el escritor José María de la Torre la había descrito en Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna: “Llámase así porque, en la cuaresma, salía todas las tardes de la Tercera Orden de San Francisco, una Pasión que iba por esa calle hasta la iglesia del Cristo, que era el Humilladero (…) a imitación de la Vía Crucis, de Jerusalén, que se llamó de la Amargura.” Por tanto, instalé a mis personajes en una elegante casona de tan distinguida calle.

Lo más anecdótico fue la ausencia de documentación sobre el particular en territorio español y, por supuesto, dar con el episodio de los 1744 gallegos esclavizados en Cuba por otro gallego, un político orensano llamado Urbano Feyjóo Sotomayor.


Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

En el marco temporal que abarca Una casa en Amargura la trata de esclavos ya estaba prohibida, pero los dos mil ingenios azucareros de la Isla, pese a estar parcialmente mecanizados, seguían precisando brazos. De ahí que los puertos cubanos aceptasen sin reparos la descarga ilegal de cautivos procedentes de África y que docenas de buques ingleses patrullasen el océano con ánimo de impedir la trata.

Eso exactamente tuvo que sufrir Misterio, la protagonista de Una casa en Amargura, había llegado a Cuba en una nave presa por ingleses, por lo que la despacharon diciéndole que era emancipada y el Gobierno colonial se ocupó de alquilarla como planchadora a diferentes amos los cuales, uno tras otro, le fueron cambiando el nombre. Cinco amos, cinco nombres. Por eso Misterio tenía problema de papel. 

La conocemos intentando solucionar el asunto de sus documentos en el estudio de un Síndico que atiende reclamaciones de esclavos en su propia casa. Una curiosa peripecia hace que el caballero se fije en los modales de la emancipada y le proponga quedarse en Amargura para meter en vereda a Dulce Elena, su asilvestrada hija. Misterio acepta el trabajo y a partir de ese momento su vida discurre de maravilla: desde el amanecer hasta después del mediodía es sobresaliente cuidandera de niña blanca, las tardes se le escurren planchando ropa pafuera en el ventanuco del cuarto donde pernocta y, llegada la madrugada, completa su economía en la zona de planchado del tren de lavado del chino Xing. Una delicia de jornada, sí señor, como para dar gracias a Dios.

Pero Misterio fallece y sus allegados descubren que les ha dejado una encomienda: Su amiga pide la presencia de cinco personas, dos de ellas totalmente desconocidas, en la apertura de su testamento y ellos tendrán que localizarlas. La búsqueda desvelará muchos secretos sorprendentes.

¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque a partir de una muy ágil y entretenida trama novelística centrada en un suceso inesperado, una encomienda póstuma y un extraño testamento el lector se sumerge en la desconocida historia de la Cuba colonial, descubre los hábitos de la vida cotidiana en las grandes casonas habaneras y se asombra ante las curiosas relaciones entre amos y esclavos en una Isla que, por aquel entonces, era española.

Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

¡Cómo no! Aquí os dejo un fragmento del cap. 3. La narradora es la hija del Síndico, Dulce Elena, una niña criolla que nos habla de su esclavo. Se titula “Ulises Horacio, mi muleque”

“En La Habana, cuando la que ahora les habla era niña chica, es decir a finales de los años cincuenta, apenas acababa de nacer un niño blanco y ya sus padres le regalaban un negrito. Por eso casi todos los hijos de buena familia disponemos de un “muleque” para nuestro servicio personal y es habitual contemplar la estampa callejera de bellos negritos con guantes y librea de terciopelo colocando la banqueta a los pies de sus amos niños, para ayudarles a subir al coche, o de lindas “mulequitas” endomingadas que, cuando la familia va a la iglesia, caminan orgullosas dos pasos por delante de su amita llevando en sus manos la silla y la alfombra de la Niña. El mío también me lo regalaron cuando nací y atiende por Ulises Horacio, nombre que le puso mi mamá, gran amante de la literatura clásica.

Ulises y yo nunca nos hemos separado. Con solo nueve años ya se presentaba a sí mismo con un “Aquí llega Ulises Horasio, el muleque de Niña Duuulse”, siempre alargando la u. Él y no otro me acompañó cuando mis primeros pasos, soportó mis caprichos, consoló mis pataletas, recibió no pocos chancletazos y castigos por mi culpa, sufrió con mis caídas y lloró conmigo. Cuando me ponía enferma no se alejaba de mi lecho y pasaba las noches a los pies de mi cama, tumbado sobre el piso, “que así el negrito pué escuchá el respirá de la Niña”. Por más que me esfuerzo, no acierto a recordar un solo suceso importante de mi vida en el que él no haya estado a mi lado. 

Guardo el recuerdo amable de mi muleque intentando, tarde tras tarde, amenizar una siesta que yo me negaba tajantemente a realizar. Para no perturbar el descanso de mi padre en las horas de más calor Ulises me entretenía canturreando panalivios quejumbrosos que aprendía de las negras en la cocina, mientras yo, espatarrada en la hamaca que él mecía de a poquitos, coreaba bajito el estribillo de aquellos cantos de esclavos. Como había que tener cuidado de no hacer ruido, Ulises danzaba susurrándome al oído la letra del canto y mi baile se reducía a copiar sus movimientos desde la hamaca en una especie de tabla de gimnasia que acababa fatal porque me mondaba de risa. Por darme gusto, repetía los pasos del baile docenas de veces y acababa tirado por el piso de puro agotamiento. Al final entre los brincos, el bochorno de la hora y el runrún de la acunadera de mi hamaca, el que se quedaba profundamente dormido era él.

Lo que acabo de relatar no era nada comparado con nuestro divertimento favorito, que tenía lugar cuando mi muleque jugaba a imaginar que ya éramos grandes y por tanto él detentaba el puesto de calesero de la casa. Todo ufano, plantaba el banco a mis pies y me ayudaba a subir al quitrín con ceremonia y formalidad. Se pegaba la fatiga de colocarme bien sentadita en el pesebrón del coche, perfectamente instalada entre dos cojines azules con las iniciales de la familia bordadas en plata, mis pies descansando cómodamente sobre una banqueta que, a modo de escabel, disponía él mismo. Muy orgulloso, fingía conducir montando al paso nuestro caballo. Y chiflaba, como su padre, simulando con la boca el ruido del trote y el traqueteo del coche. Como si no hubiese hecho otra cosa en su vida, sostenía con elegancia los arreos plagados de adornos mientras me explicaba las reglas de un juego que yo debía respetar: el muleque aconsejaba a su dueña sujetarse bien a las argollas de marfil de las puertas pues las calles de La Habana estaban hechas una desgracia, abarrotaditas de baches, agujeros y desniveles, eso por no hablar de los muchos carruajes mal guiados. Sí, mal guiados, había que decirlo, por caleseros de poca monta, no como el de la casa de la Niña, sino de otros que, por no saber, cruzan las bestias en los pasajes sin atender chiflidos ni compartir los educados gestos de los cocheros de familias principales. 

— No te sientas intranquila, que ya Ulises guía suave. No se vaya a inquietar la Niña con taaanto vaivén. 

Siempre respetando la debida distancia de un doméstico con su amita, proseguía el fingido paseo y se explayaba en explicaciones sobre los lugares que transitábamos. Unas veces insinuaba que no mirase acá o allá pues la persona que íbamos a cruzar no era digna de mi cortesía, otras pronunciaba, de forma discreta y con la antelación suficiente para que yo preparase el saludo, “Gurriarán”, “Fernandina”, “Santovenia”, “Montesdeoca”, que se suponía eran los apellidos de los que paseaban por la calle, indicándome a quien debía corresponder con una mayor o menor inclinación de cabeza y, lo más importante, si la presencia de algún conocido iba a exigir de mi persona una ligera sonrisa, un insignificante movimiento de abanico o un saludo afectuoso.

Así y no de otro modo transcurrían nuestras tardes. Mi muleque, obligada presencia en mi infancia, era el compañero fiel y mi indispensable acompañamiento para salir a la calle. Porque mientras los muleques de otros niños se limitaban a ser negros chicos que seguían a sus traviesos amitos y, al cumplir los diez años, se convertían en pajes, escoltas o simplemente criados mandaderos, mi relación con Ulises Horacio adoptó desde el principio un cariz bien diferente; mi muleque fue primero un reverente y protector camarada de juegos, luego inseparable compañero de aprendizajes y más adelante un sobresaliente mozo de confianza, guardaespaldas riguroso y responsable de asistirme personalmente. Y es que Ulises ha sido, es y será mi confidente y mi mejor amigo.

A poco de yo cumplir los nueve años mi padre, que desde siempre fue socio del Liceo Artístico y Literario de La Habana y había sido excelente amigo de uno de sus fundadores, el periodista catalán Ramón Pintó, se empeñó en anotarme como hija de asociado para que yo asistiese a las actividades. El Liceo tenía como finalidad el fomento de la cultura, las letras y las bellas artes, y en sus cátedras colaboraban intelectuales, políticos influyentes y filántropos de la talla de José Morales Lemus, Rafael María Mendive, José de Imaz o Antonio Bachiller y Morales. Ofrecía cursos impartidos por los excelentes profesores como el pintor Federico Mialhe, que era director de la Academia de Bellas Artes, o el patólogo Julio Jacinto Le Riverand y organizaba entretenimientos culturales, conciertos, recitales de poesía, muestras de pintura, bailes… además concedía becas para estudios gratuitos a más de doscientos alumnos de familias blancas de buenas costumbres pero con escasos recursos. 

El Liceo tenía arrendada, en la calle Mercaderes, la parte noble de su palacio al marqués de Arcos y los cuartos altos a los señores Meert. Durante años asistí puntualmente a sus aulas porque como Mercaderes dista poco de Amargura, Ulises y yo teníamos permiso para ir a pie acompañados por Napoleón, pero la vuelta la hacíamos solos, gran aliciente para no faltar ni un día ya que caminar por la ciudad nos hacía sentir más que mayores. 

Cuando yo ingresé, el director era José Ramón Betancourt, escritor muy conocido; desde el primer día me encantaron sus clases y pronto me hice asidua en las actividades literarias, por eso me elegían para entregar ramos en coronaciones de poetas, juegos florales y obritas de teatro. Además, en cuanto los profesores supieron que me gustaba componer poemas elegíacos, propusieron mis versos para El Liceo de La Habana, publicación mezcla de gaceta y revistilla que admitía trabajos literarios de alumnos y asociados. 

Respecto a las materias, aconsejada por mi señor padre, optamos por las que él consideró más adecuadas para una señorita de mi condición, es decir, historia de la literatura, que me apasionaba, latín y canto, porque él me lo exigió, y dibujo paisajístico y declamación por capricho mío. 

Ulises, al contrario de otros muleques que desaprovechaban las horas jugando o dormitando a la sombra, me llevaba y permanecía en el exterior, a pie de muro, por lo que se entretenía escuchando el discurso de los profesores a través de las ventanas que, por el fuerte calor, solían estar de par en par. Siempre hacíamos parejo, yo entraba y él me esperaba fuera, pegado a la reja. Hasta una mañana que cayó en la cuenta de que si se colocaba en un lugar exacto, estratégicamente en ángulo con la puerta del aula de dibujo artístico, alcanzaba a ver y escuchar al mismo tiempo, es decir, prácticamente podía seguir la lección desde el patio, sentado en el suelo. Y eso fue lo que estuvo haciendo; sin que nadie se percatase y sin yo tener conocimiento, durante meses asistió desde el exterior a los cursos de dibujo de los mayores. 

Pero Dios sabe que todo llega a saberse en este mundo y la tarde que me preguntó, como de pasada, dónde él podría agenciarse “unos buenos crayones de color y algo de papel económico” yo descubrí su secreto. Y cuando inquirí para qué precisaba tales artículos, respondió todo intimidado:

— É un queré desí, Niña, que no me vendrían mal pa vé de dibujá algun cuadro.

— ¿Un cuadro? Pero… ¿tú sabes pintar?

— Algo empiesa a sabé el muleque… poquito, nomás.

Le pedí que me mostrase sus dibujos y al rato se presentó en la saleta con los brazos llenos. Traía un montón de bocetos hechos con carbón de cocina sobre pedazos de cartuchos de bodega que iba recolectando. Me asombró tanto la calidad de sus dibujos que corrí a decírselo a mi padre: ¡Ulises dibujaba de maravilla! Sus apuntes eran magníficos, de verdad, excelentes. Sería una pena no favorecerle para que pudiese desarrollar tan admirable capacidad. Mi emocionada insistencia debió resultar convincente, porque el caballero prometió resolver. Y resolvió, logrando que los profesores hiciesen la vista gorda ante la presencia de Ulises. 

Así fue como mi muleque asistió, de oyente, a las clases de dibujo y pintura en el Liceo Artístico y Literario de La Habana, desde el patio por supuesto, dado que el acceso estaba vetado a los de color. Por desgracia solo pudo aprovechar un curso, el último que funcionaron las aulas, porque en octubre del sesenta y ocho Carlos Manuel de Céspedes liberó la negrada de su ingenio en La Demajagua y, al grito de “¡Unidad, libertad, justicia e igualdad: blancos y negros, libres y esclavos!”, proclamó nuestra independencia y se alzó en armas contra España. 

Había estallado la Guerra Grande, que se iba a prolongar diez largos años. Y aunque en La Habana, gracias a Dios, no se sentía directamente la contienda porque la causa se peleaba en Oriente, criollos y españoles vivíamos en estado de perpetua confrontación. Las autoridades coloniales se pusieron bravas, prohibieron todas las reuniones culturales en la isla y las puertas de nuestro querido Liceo se cerraron, a la fuerza y para siempre.


viernes, 10 de junio de 2016

JUAN MANUEL GUILLÉN GONZÁLEZ-NOVO RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

1. Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores. 

JUAN MANUEL GUILLÉN GONZÁLEZ-NOVO nace en la Ávila en 1960.Permanece en Ávila hasta los 17 años, edad en la que ingresa por oposición en la Academia General Militar de Zaragoza. Hasta entonces, aprovecha la ingente monumentalidad de la ciudad para interesarse por la arquitectura, el arte y la historia que le rodea, sin duda influenciado por algunos magníficos profesores del Instituto donde cursó el bachillerato. 

En 1983, finaliza los estudios de oficial del Ejército obteniendo el primer puesto en su promoción y el premio fin de carrera; con el grado de Teniente del Cuerpo Superior de Intendencia, es destinado a Cartagena, monumento urbano en sí mismo. Entre esta ciudad y la de Granada, transcurre su vida militar ocupando varios destinos y responsabilidades.

En Granada compatibiliza el ejercicio de su carrera militar con los estudios de Ciencias Empresariales y Económicas en las Universidades de Granada y UNED. En esta ciudad aprende a escatimar tiempo al estudio y a su familia convirtiendo los cotidianos paseos en un ejercicio del creciente deleite que siente todo aquel que recorre sus calles y sus palacios castellanos o nazaríes. 

En 1994 es destinado a la zona de Bosnia-Herzegóvina como Capitán en el batallón español de cascos azules, donde permanece siete meses. Las innumerables conversaciones con los afectados por la guerra le proporcionan una óptica diferente de los hechos a lo que, contenidos en algunas líneas, páginas o capítulos, suele referirse la historia: la manera en que los ven los ojos de los que las sufren.

Actualmente, es Teniente Coronel de Intendencia del Ejército en situación de Reserva, desarrollando su actividad profesional como economista en el entorno de la consultoría de empresas tecnológicas.

2. ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Súbditos de un rey lejano.

3. Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Las acciones de la novela se desarrollan entre los años 1716 a 1728 en distintos escenarios, aparentemente dispersos, pero en aquella época muy conectados entre sí. Cuatro amigos adolescentes reciben la instrucción escolar del párroco de la Villa de Pasaje de San Juan, en el Puerto de Pasajes, en Guipúzcoa. Tres de ellos querrán continuar con la profesión de sus antecesores: uno querrá construir los grandes navíos de guerra que allí se fabrican; otro comerciar con otros lugares y el tercero ser marino en la Armada del Rey. El cuarto, de condición más humilde, aspira al ascenso social que puede proporcionar el ingreso en los ejércitos reales.

La narración transcurre con el relato de los avatares de la juventud de los cuatro, en la que se unen personajes y situaciones sobre los fondos de los distintos hechos históricos que suceden entre 1716 y 1728: Campañas de Cerdeña y Sicilia, el asedio francés a Hondarribia, las penosas condiciones de las travesías del Atlántico, las dificultades de las rutas comerciales en las que cada negocio se convierte en una aventura y la exploración y la dureza de los presidios españoles en las fronteras americanas del norte de México. 

Aparte de querer reseñar cómo era la vida en esa época, pretendo mostrar los diferentes intereses que pueden mover a la persona a realizar acciones que entrañen riesgo, a asumir grandes esfuerzos para lograr los objetivos de cada uno. Una trama sencilla, de fácil lectura, engranará las diferentes situaciones, establecerá la relación entre los hechos históricos y amenizará la lectura.

4. ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Todavía no se ha publicado en formato digital alguno, aunque se prevé que en algunos meses se ponga a disposición de los interesados. La editorial es Dauro www.edicionesdauro.com.


5. Cuéntanos qué o quién te impulsó a escribir.

No lo tengo muy claro. Por un lado el deseo de compartir las emociones que producen los nuevos conocimientos, las nuevas experiencias. Otra causa podría ser la búsqueda de una nueva ilusión, de una meta personal.

6. ¿Qué sacrificaste o sacrificas a diario para poder escribir?

Para mí no representa un sacrificio. Mis hijos son mayores y apenas necesitan de mi tiempo. Mi mujer me apoya y eso me permite disfrutar enormemente de la investigación histórica y de la posterior escritura. Hace unos años habría sido impensable.

7. Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

Súbditos de un rey lejano es mi primera novela.

8. En la actualidad proliferan los encuentros literarios y certámenes en donde se habla del género histórico. ¿Has participado alguna vez en algunas jornadas de novela histórica? Si es así dinos cómo fue tu experiencia.

No, ni siquiera sabía de su existencia. He cometido el error de encerrarme demasiado en mí mismo y hasta ahora he estado desconectado de otros escritores. La causa es que, hasta que no he terminado la novela y la han leído algunas personas, no he sido consciente de que ésta podría ser publicada y tampoco de haber escrito algo “legible”. No me he llegado a considerar un escritor de novelas históricas, no, al menos, conscientemente.

9. ¿Y del ebook, qué opinas? 

Como a la mayoría de los lectores, me encanta pasar los dedos por las hojas, oír el ligero palmoteo del libro cuando se cierra y ver la estantería rebosante de lomos preciosos. El ebook terminará con esos placeres dentro de algunos años, pero proporcionará otros, similares y diferentes a las siguientes generaciones. En lo que a mí respecta, no me cierro al ebook pero, por ahora, prefiero pasar las hojas de papel.

10. Sigamos con tu experiencia como escritor/ra…cuéntanos qué técnicas o trucos usas para escribir tus novelas. ¿Eres de los/las que se documenta exhaustivamente, de los que lo tienen todo bien atado antes de escribir o prefieres la espontaneidad?

Me documento exhaustivamente, me moriría de vergüenza cometer un error y ese temor lo tengo casi permanentemente, dado que no soy ni historiador, ni lingüista; pero una vez que he empezado un capítulo, dejo a los personajes que se expresen con la frescura que se les antoje. Al fin y al cabo, yo no me he educado entre los muros de un convento…

11. Preséntanos a tus personajes preferidos. ¿De cuál de ellos te has enamorado?

De todos, incluido el “malo”. No siento especial preferencia por ninguno de los principales, pero reconozco un matiz: cuando me he querido dar cuenta, uno de ellos se estaba “comiendo” a los demás, estaba cobrando un protagonismo que yo no deseaba que tuviera. Son todos ellos personajes con mucha fuerza.

12. El autor no debe ser un ente solitario ¿Qué crees que puede hacer un escritor ante la crisis? Aconseja a los escritores noveles y si tu experiencia es amplia, también a los que no lo son.

Yo soy un escritor novel. Sólo me permito aconsejar una cosa que fue lo que me llevó a publicar mi novela: hay que ser imprudente. Sé que es una falta de respeto a los escritores consagrados, a los que saben escribir, pero sólo tenemos una vida y es tal el placer que produce escribir y poder tocar tu obra, que vale la pena asumir el riesgo de publicar algo imprudentemente. 

13. Quizás conozcas las actividades que llevamos realizando como Asociación Jornadas de Novela Histórica de Granada desde hace tiempo. ¿Qué te gustaría que hiciéramos por ti?

Me gustaría poder aprender de los que me han precedido y son escritores consagrados, de esos a los que he admirado en los escaparates y entre las hojas de las novelas. Me gustaría que me contaran lo que hay por delante en este camino que acabo de iniciar, lo bueno y lo desagradable. Me gustaría poder conversar con alguno de ellos.

14. Ha sido un placer contar contigo en este blog. Te deseamos mucha suerte pero antes de despedirte cuéntanos qué estás preparando ahora y qué proyectos tienes en mente.

Estoy leyendo sobre la historia del Imperio español y no tengo decidido el tema ni el escenario. Esta vorágine de la publicación de la novela me ha causado un parón que no esperaba.

martes, 31 de mayo de 2016

ANTONIO CALLEJÓN RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

1) Entre tu primera novela y la última, ¿qué crees que ha cambiado en el mundo del libro?

Aunque no es la primera que he escrito, mi primera novela “El último amor del Gran Capitán” se acaba de publicar en diciembre de 2015. No tengo referencia de años anteriores.

2) Cuéntanos qué o quién te impulsó a escribir.

Siempre me ha gustado escribir. De más joven escribía poesía, pero fue hace unos cuatro años cuando me decidí a escribir novela histórica. El hecho de ser historiador me ha ayudado en el proceso de la documentación.

3) ¿Qué sacrificaste o sacrificas a diario para poder escribir?

Normalmente no suelo sacrificar nada ya que no lo veo como un sacrificio. Escribo cuando tengo tiempo libre y estoy inspirado para que vaya surgiendo la idea que tengo en la cabeza. Hay temporadas en las que escribo mucho y otras muy poco.

4) Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

Hasta este momento solo he escrito “El último amor del Gran Capitán”, pero me ha proporcionado muchas satisfacciones mientras la estaba escribiendo, y ahora que está en la calle aún más. Lo que más me gusta es cuando alguien que la ha leído refiere algún pasaje y me dice que se ha emocionado al leerlo.

5) En la actualidad proliferan los encuentros literarios y certámenes en donde se habla del género histórico. ¿Has participado alguna vez en algunas jornadas de novela histórica? Si es así dinos cómo fue tu experiencia.

He participado en varias y todas han sido muy positivas. He conocido a lectores muy interesados en este género y de hecho los comentarios de los autores me han animado a sentir que yo también podía escribir una novela.


6) ¿Y del ebook, qué opinas? 

Personalmente no lo uso porque prefiero el papel, ya que hago anotaciones en los libros. Pero sé que mucha gente lo prefiere y es útil. De hecho tengo amigos que solo leen ya en ebook.

7) Sigamos con tu experiencia como escritor/ra…cuéntanos qué técnicas o trucos usas para escribir tus novelas. ¿Eres de los/las que se documenta exhaustivamente, de los que lo tienen todo bien atado antes de escribir o prefieres la espontaneidad?

En cuanto a la documentación, busco todo lo relacionado con el hecho histórico y la ambientación para procurar que no haya ningún fallo de personajes, productos, fechas, etc…

Pero en cuanto a la redacción no tengo un esquema totalmente cerrado. De hecho conforme iba escribiendo la novela fueron naciendo ciertos personajes secundarios y acciones que se necesitaban en la trama y que no estaban planeados al principio.

8) Preséntanos a tus personajes preferidos. ¿De cuál de ellos te has enamorado?

Además de la esposa del Gran Capitán, protagonista de la novela, uno de mis personajes favoritos es la esclava Maroua. De hecho, me inspiré en una alumna que tuve en Marruecos para describir al personaje, y quizá por ello es al que más cariño le tengo.

9) Enséñanos tu trabajo ¿tienes página web? ¿Podemos leer on-line algún capítulo de tus libros?

“El último amor del Gran Capitán” tiene su página web, en la que vamos colgando la información de los actos de presentación y algunas curiosidades históricas de los personajes que protagonizan la novela.

10) El autor no debe ser un ente solitario ¿Qué crees que puede hacer un escritor ante la crisis? Aconseja a los escritores noveles y si tu experiencia es amplia, también a los que no lo son.

Ante las dificultades siempre es mejor unirse.

11) Quizás conozcas las actividades que llevamos realizando como Asociación Jornadas de Novela Histórica de Granada desde hace tiempo. ¿Qué te gustaría que hiciéramos por ti?

Personalmente, difundir mi trabajo lo más posible y estar en contacto con otros escritores con los que compartir experiencias y proyectos.

12) Ha sido un placer contar contigo en este blog. Te deseamos mucha suerte pero antes de despedirte cuéntanos qué estás preparando ahora y qué proyectos tienes en mente.

Ahora mismo tengo en mente retocar la primera novela que empecé a escribir y que creo que necesita muchos cambios. Además he empezado a documentarme para comenzar la tercera, pero eso ya cuando la segunda esté terminada.

miércoles, 25 de mayo de 2016

J. CARLOS MARTÍNEZ RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

Pregunta. ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Respuesta. El proceso de los justos.

P. Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

R. La historia que cuento en El proceso de los justos es coral, una especie de novela río con tres «brazos» que al final acaban confluyendo. Más que una novela histórica al uso, con grandes personajes, como reyes, validos, prelados… me interesaba recrear el ambiente de una época como la segunda mitad del siglo XVII, en plena guerra con Portugal. Buscaba sobre todo reflejar la sensación de fin de época, las tensiones dentro de una ciudad, entre distintos grupos sociales, las ansias por alcanzar el prestigio y los deseos por parte de otros de no perder su posición en un mundo cambiante. Tampoco queda al margen, no podía hacerlo, el fanatismo religioso y su instrumentalización. Quería reflejar a unos personajes zarandeados por sus pasiones, para bien y para mal. Es una novela en la que el amor y el desamor desempeñan un papel fundamental.


P. Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

R. Creo que son representativos de su época. Desde el inquisidor racionalista a la monja alumbrada, pasando por el mercader que acaba comprando un título nobiliario, una práctica muy usada por la monarquía hispánica para obtener ingresos. Lo cierto es que pasas mucho tiempo con ellos mientras estás escribiendo, convirtiéndose en unos compañeros invisibles. Vas caminando por la calle y le estás dando vueltas al pasaje de turno, imaginando la escena, los diálogos, los movimientos… Acabas con una humedad sospechosa en los ojos cuando pones el punto y final. Así que, es un poco difícil elegir a uno solo. El protagonista, Guzmán Montenegro, tal vez sea a uno de los que más cariño le tenga. Me salió como una especie de conde de Montecristo, que se mueve muchas veces empujado por las circunstancias, enamorado de una mujer, Ana, con la que no puede estar abiertamente. El reverso de Montenegro, sería el caballero de Alcántara, don Félix de Almansa… Y al antagonista, el arcipreste Santiago, representando la manipulación sin escrúpulos para alcanzar sus objetivos. Pero, sobre todo, las mujeres que desfilan por las páginas de esta novela. Ninguna de ellas ha tenido una vida fácil. Todas ellas, tanto Águeda como María, Mirena o doña Blanca, son luchadoras, sin necesidad de un hombre que las proteja. El que despertará probablemente ciertas simpatías sea Pico y el Chucho, una pareja entrañable.

P. Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

R. Fue muy curioso, y está mal que lo diga, porque nació en una clase sobre historia de la vida cotidiana en la Edad Moderna. Estaban contándonos cómo eran las celebraciones del Carnaval y comencé a imaginar el primer pasaje de la novela. La algarabía de la celebración, los dos enmascarados… Pero, sobre todo, de muchas lecturas, del género histórico o no, que te van afianzando en eso de escribir.

P. Sigamos con tu experiencia como escritor. Cuéntanos, qué técnicas o trucos usas para escribir tus novelas. ¿Eres de los que se documenta exhaustivamente, de los que lo tienen todo bien atado antes de escribir o prefieres la espontaneidad?

R. Tiene que haber una base. Como decía antes, más que una documentación exhaustiva, lo que hace falta previamente es un bagaje literario. Saber cómo se tiene que contar una historia, y eso sólo se aprende habiendo leído mucho. Para El proceso… tiré mucho de los clásicos del Siglo de Oro, de novela picaresca, del teatro de Lope de Vega, de Cervantes… fueron ellos los que me permitieron construir los tipos que buscaba. Luego estaban los ensayos sobre Historia moderna… No soy de los que lo necesitan todo atado y bien atado. Parto de una idea y más o menos sé cómo se va a ir desarrollando la trama, aunque a veces me llevo sorpresas, porque los personajes te van indicando cómo has de conducir la narración: es fundamental no traicionarlos. Pienso que hacer novela no es un simple ejercicio de redacción. Jamás aplicaría esos esquemas simplistas sobre estructuras y demás que según algunos aseguran el éxito. La literatura no puede ser un producto enlatado que se le sirve a los lectores/consumidores. Tiene que estar viva y transmitir emociones. Una vez me dijeron que escribo más con las tripas que con la cabeza.

P. La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

R. Quizás por mi oficio, el de historiador, esa parte fuese una de las más sencillas. Conocía más o menos la materia, sabía a qué libros acudir, cuáles desechar… Además, la documentación la fui haciendo al mismo tiempo que iba escribiendo, así que eran las necesidades de la historia las que marcaron este aspecto. Una duda en cómo era la ropa, suponía una tarde entera en la biblioteca de Letras, ojeando libros de pintura barroca con unas cuartillas al lado. Tampoco quería abrumar con datos excesivos, no era cuestión de demostrar a quienes leyeran la novela que era un experto en tal o cual aspecto. Al hacer novela, me interesan otras cuestiones que pueden quedar oscurecidos por un caudal de datos que no aportan nada sustancial a la historia. Prefiero dotar a los personajes de una cierta profundidad –no sé si siempre lo consigo– que recrearme en los detalles. Hay muchas novelas históricas impecables en este aspecto técnico, pero cuyos personajes son muy planos, sin aristas. Eso no me interesa.

P. ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

R. Tuve que aprender un poco el lenguaje de germanías, cómo era un interrogatorio de la Inquisición e incluso algo de esgrima. Pero una de las cosas que más me llamó la atención fue comprobar la cantidad de alumbrados y alumbradas que había en los conventos españoles. Cuando se leen los versos de Teresa de Jesús, se comprueba el alto grado de erotismo que había en la cultura española del Siglo de Oro a pesar del control inquisitorial. Otra cuestión llamativa, que aparece en la novela, son las prostitutas y la Cuaresma… Pero sobre todo la existencia de una violencia estructural tremenda, en especial la que se ejercía contra los inmediatos inferiores. Era tremendo el escaso valor que tenía la vida humana.

P. ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

R. Se publicó en digital, en Bubok. Cuando la terminé y empecé a moverla por varios sitios, después de que varios amigos la leyeran y me dieran el visto bueno. La respuesta de las editoriales y las agencias era casi siempre la misma. Estaba bien escrita, enganchaba, pero… no era el momento. Eso cuando contestaban. Estábamos en lo más duro de la crisis y se buscaba lo seguro. Nadie iba a apostar por una primera novela de un escritor desconocido sin ningún respaldo. Metí la novela en un cajón hasta que un día leí un artículo sobre esta plataforma y decidí probar suerte. Y hasta el momento, no le ha ido mal. Se ha defendido bien. Que de haber salido en papel su recorrido hubiera sido otro, es posible, pero tampoco se puede asegurar. Una cosa que tenía clara era que no quería pagar por publicar. La novela se puede descargar en: http://www.bubok.es/libros/190396/El-proceso-de-los-justos

P. Y del ebook, ¿qué opinas?

R. Después de haber publicado en digital, creo no puedo decir nada malo. El debate entre el libro digital y en papel es artificial. El primero jamás acabará con el segundo, porque suponen dos experiencias completamente diferentes. Personalmente, sigo siendo un romántico al que le gustan los libros tradicionales, más que nada por el ritual que llevan aparejado. El ebook remite a la inmediatez, a un mundo mucho más rápido.

P. Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

R. Claro que sí: «Montenegro se quedó observando al hombre y a la mujer que se alejaban a pie. Aún le quemaba en la mejilla el beso inocente que le había tirado al aire ella, como una estocada certera en plena conciencia. Había perdido por completo la noción de la realidad, olvidándose de que había venido acompañado. Miró a su alrededor pudiendo comprobar que la gente ya se había marchado y que sólo quedaban él y sus dos acompañantes, que se habían retirado varios pasos por cortesía. Tanto el barón, que mantenía su gallarda pose con un poco menos de pomposidad, como Jaime, lo estaban esperando disimulando mal sus ganas de saber quién era aquel hombre y sobre todo y más importante, aquella mujer ante la que se había quitado el sombrero. No permitió don Basilio que Montenegro echase a andar para salirle al encuentro y detenerlo en seco, posando su manaza sobre el hombro. Ambos hombres se miraron fijamente a los ojos, obviamente no era una situación que a Guzmán Montenegro le agradase mucho y así pareció entenderlo el de Quiñón, que apartó la mano de su hombro, sin perder en ningún momento la sonrisa nerviosa de quien ha sido sorprendido en falta, su mirada glauca decía mucho más de lo que jamás dirían sus labios. 

–Hay que saber reconocer la belleza… y saludarla como es debido, –les dijo, sarcástico, para satisfacer su curiosidad.

Con un gesto indicó al barón que continuase caminando, que no se detuviese. Se había percatado de lo embarazosa que resultaba para el noble la situación, su curiosidad se había topado de bruces con el carácter seco y brusco de Montenegro, a fin de cuentas, no era culpa suya que don Basilio tuviese la malsana costumbre de meter sus distinguidos hocicos en donde no lo llamaban. El asunto de aquella mujer parecía haberle aguijoneado la curiosidad a más de uno, aunque algunos, como Jaime, parecían haber aprendido la lección sobre no meterse en camisas de once varas, y más cuando éstas les eran ajenas»

sábado, 21 de mayo de 2016

JAVIER TAZÓN RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Nacido para narrar en el año del Señor de 1953, hijo y nieto de cuentacuentos, es padre y abuelo también de cuentacuentos. Cree que lo que diferencia a un escritor de un redactor es, precisamente, la vis narratoria, la capacidad para comunicar. Si juntas letras crearás frases, si juntas frases crearás párrafos, si juntas párrafos harás novelas, pero sólo con eso no atraparás al lector; a este sólo se le puede meter en tu historia con un artilugio similar a los cazamariposas llamado imaginación. Te lo da Natura, no Salamanca.

2) Entre tu primera novela y la última han pasado….(meses, años)…qué crees que ha cambiado en el mundo del libro desde entonces.

Desde la publicación de El Trujal hasta la de Scala han pasado ocho años. Han sido los años de un cambio radical que aún no se ha consumado. La aparición del formato electrónico y la reorganización del mercado como consecuencia de la crisis están en los polos de este proceso.

3) Cuéntanos qué o quién te impulsó a escribir.

Caramba con la preguntita. Hubo de todo, en especial influyó el fin de mi actividad profesional como abogado.

4) Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

Mis novelas históricas son las siguientes:

i. El cartógrafo de la reina (Kattigara 2010)

ii. Las rutas del norte (Kattigara 2011)

iii. El mapa perdido (Kattigara 2014)

iv. Scala, la leyenda de un pueblo (Kattigara 2015)

v. Cantabromaquia (Kattigara 2014)


5) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

El mapa perdido, y es la culminación de la trilogía sobre Juan de la Cosa, el cartógrafo que llevó a Colón hasta las nuevas tierras. Las otras dos son: El cartógrafo de la reina y Las rutas del norte.


6) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

a. Son, en realidad, tres novelas en una, con Juan de la Cosa como tema central: El mapa perdido, El dado de marfil y La galera de Zamba. Se pueden leer de forma separada y no importa el orden. Entre una y otra también hay documentos y materiales complementarios. 

b. Trata del entramado central de la vida del marino. 

c. Pretendo con ella dar una visión novedosa del Descubrimiento, en la que la crítica histórica y lo real maravilloso tengan su lugar.

7) En la actualidad proliferan los encuentros literarios y certámenes en donde se habla del género histórico. ¿Has participado alguna vez en algunas jornadas de novela histórica? Si es así dinos cómo fue tu experiencia.

Acabo de participar en las Primeras Jornadas Literarias de Bilbao, en las que la novela histórica se impuso por el simple hecho de que la mayoría de los participantes trabajábamos este género. Estábamos de acuerdo en mucho y, sobre todo, en la necesidad de mantenernos en contacto y de intercambiar experiencias. Creo que la soledad del escritor es uno de sus graves problemas.

8) ¿Y del ebook, qué opinas? 

No superará al papel. Lo normal es que quienes somos profesionales de la lectura (y todo escritor debería serlo por definición) lo hacemos por tierra, mar y aire, es decir en papel, en electrónico y en el ordenador.

9) Sigamos con tu experiencia como escritor…cuéntanos qué técnicas o trucos usas para escribir tus novelas. ¿Eres de los que se documenta exhaustivamente, de los que lo tienen todo bien atado antes de escribir o prefieres la espontaneidad?

Como he sido abogado urbanista, uso símiles constructivos. Primero calculo las casas que caben en un predio (Idea original, chispa creadora). Segundo, levanto el PROYECTO BÁSICO (El argumento central, la diégesis). Tercero, trazo un PROYECTO DE EJECUCIÓN (Las decisiones narrativas, focalización, tiempo verbal, tiempo interno y externo, y concreciones generales). Cuarto, distribuyo el material en UNIDADES DE EJECUCIÓN (por trancos, partes y capítulos). Quinto, redacto ESTUDIOS DE DETALLE (Minuciosas relaciones, o escaletas, de varios capítulos). Sexto, el ALZADO (tomo el esquema minucioso del primer capítulo y escribo; la imaginación desbocada al principio, tras tanto filtro procedimental, ha quedado limitada a la fuerza del torrente narrativo, que no es poco, sin que llegue nunca a desbordarlo); Séptimo, se levanta el segundo piso repitiendo la operación anterior, y así sucesivamente. La dificultad no está en escribir, sino en revisar. Escribir es borrar y rehacer.


10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

¡Que me place!... Así comienza

« Los tres peticionarios salen con trabajo de entre la multitud que los aprisiona. Un heraldo acaba de pronunciar sus nombres con voz poderosa, inapelable, como será la del ángel en el Día del Juicio. Por fin ha concluido la sofocante espera. Van para dos las horas que doña Isabel ha dedicado hoy a recibir las peticiones de nobles, hidalgos y ricoshombres. Los altos ventanales de la sala de recepciones, cedida por el Bastión de Laredo, son de vidriera sellada y nadie se atreve a sugerir que quede franca la puerta que da a la calle, pues sabido es que la reina sufre de corizas y estornudos a la más leve corriente. Grandes manchas de sudor adornan los sobacos de quienes esperan, ataviados con sus mejores galas, resignados a sufrir calor e incomodidad y cercados por una guardia adusta a la que no conviene irritar. El aire ha desaparecido, achicado por el tufo ácido del sudor humano. Huele a polvo amostazado, a angustia e irritación. «Juana del Corral Cachupín, Juan de la Cosa Vizcaíno y el escribiente Lope de Haro, vecinos de El Puerto de Santa María», repite aún más alto el paje. La reina gira la cabeza para ver mejor a quienes se aproximan, pues ha escuchado, ahora con nitidez, unos nombres que le resultan familiares. Retira con brusquedad su mano de los labios del último peticionario y se incorpora. Con movimientos majestuosos baja del estrado para recibir en persona a los recién llamados, lo que admira a sus sudorosos súbditos, pues es la primera vez, en varios días, que rompe el protocolo; el último personaje a cuyo encuentro salió la soberana fue, nada menos que don Gonzalo Fernández de Córdoba. «Es el Cartógrafo de la reina», se oye comentar. «Sí, así le llaman». «Es el nieto de don Gonzalo, el de Santoña», dicen a su paso, «sí hombre, el viejo de La Cosa, el que ven ció a los de La Verde; y ella es su mujer, la Cachupina, muy rica, sí». «Dicen que con su dinero se ha levantado esta lonja». «Es gente muy poderosa». «Ya lo creo, ya». «Dicen que ha vuelto de la India». El golpe seco de una alabarda contra el suelo disipa las murmuraciones.»

miércoles, 18 de mayo de 2016

REZA EMILIO JUMA NOS RESEÑA SU NOVELA "EL LEGADO DEL PRÍNCIPE DE CACHEMIRA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA… Reza Emilio Juma
1) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

El legado del príncipe de Cachemira 

2) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

La novela está basada en el siglo X y se trata de un príncipe, Gita, de Cachemira en el norte de la India que vive en una aldea perdida en las montañas. Es descendiente de Alejandro Magno y Roxana, una princesa persa. Por inquietudes sabe que tiene que salir y conocer el mundo pero esperaba que le llegara una señal. Esa señal viene cuando le llega una embajadora andalusí de Sevilla y le habla de al-Ándalus y la ciudad de Córdoba, ciudad más avanzada y del máximo esplendor en la época. Con esta embajadora se da cuenta que tiene que dejar atrás un legado pero aún no sabe cuál es y decide embarcarse en una aventura cruzando medio mundo para llegar hasta al-Ándalus pasando por todo el Oriente Próximo y el mundo Mediterráneo. El viaje que transcurre a lo largo de triente años se convierte en una búsqueda de su verdadero ser y toca cuestiones esenciales de la vida como el amor, el sufrimiento y la fe. Conoce a personas míticas y legendarias de la época como guerreros, poetas, princesas, faraonas, esclavos, y hasta el mismo califa Abderramán III. Estas relaciones que forja son claves en su supervivencia y a la vez aprende las costumbres de la gente que son distintas que las suyas. A la vez se ve enfrascado en situaciones amorosas, divertidas, graciosas, comprometidas y por supuesto trágicas. El lector vive todas estas experiencias a flor de piel porque la novela está escrita en primera persona y es como si el propio lector vive cada una de ellas. La cuestión esencial de la novela es cuál es el verdadero legado que tiene que dejar atrás el príncipe y si llega a cumplir con su destino. 

3) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Editorial Nazarí y en papel

4) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Sin duda el propio protagonista es el personaje más destacado y el sirve como un espejo para el lector mientras viaja por todas estas tierras analizando y aprendiendo las costumbres de cada puerto y ciudad donde llega. Vive todas las emociones en esta aventura y sufre por ser un extranjero y por ser diferente por todo es un aprendizaje tanto para él como para el lector. Reconozco que el personaje con quien más me encariñé era Maryam, la esclava catalana quien resida en el Alcázar de Sevilla. 

5) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

En las pasadas navidades acababa de terminar una gira de cuatro meses con mi primera novela Mil Besos y necesitaba un tiempo descansar. Llegué a México, donde resido ahora y decidí hacer un viaje a Mérida las pirámides alrededor. Así de la nada, en este viaje, empecé a montar esta historia pieza por pieza como un puzle. Tenía la cabeza llena de ideas, como si fuera una fuerte inspiración y no me quedaba más remedio que escribir para desahogar todo lo que tenía acumulado. También soy un fanático de la historia, constantemente pienso y hablo de acontecimientos históricos de todo el mundo así que fue una experiencia bastante divertida. 


6) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Como soy historiador ya dominaba el contexto y la idea general de que pasaba en el mundo en el siglo X y con esa base añadía más en mis investigaciones. La investigación podía suponer un 25% de la obra, o sea, de unas 700 horas que invertí en la obra unas 200 horas era investigación. Pero no lo considero como deberes en sí porque me fascina y era un proceso de aprendizaje para mí. Lo más divertido era la hora de escoger los personajes históricos de la época y convertirlos y moldearlos a mi gusto según las conveniencias y necesidades de la novela como cómo si les diera vida. 

7) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

Aprendí muchísimo acerca de la historia de España, sobre todo acerca de las cuestiones de al-Ándalus. España se siente muy identificada con la religión católica y mucha gente ve a los andalusíes como invasores sin embargo el catolicismo llegó con unos invasores barbaros, los visigodos, quienes impusieron la religión. El imperio romano tomó esta decisión para controlar la península ibérica y así acabaron con todas las civilizaciones anteriores como los suevos, vándalos, y alanes. Los musulmanes llegaron desde el norte de África pero los verdaderos fundadores de al-Ándalus eran sirios y solo llegaron unos 150 años después que los visigodos, o sea, apenas dos generaciones. También está muy equivocado relacionar el islam y lo arbe con al-Ándalus porque era una civilización basada en una mezcla de bizantino, visigodo y árabe. También en cuestiones de religión, había más cristianos viviendo en al-Ándalus que en los Reinos Cristianos y los mozárabes jugaban un papel esencial y crucial en la sociedad. También aprendí que Cataluña, la Marca Hispánica, existía mucho antes que Castilla y eran aliados cruciales del califa de al-Ándalus. 

8) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Es una historia trepidante que embarca todas las emociones y experiencias. Describo en mucho detalle las escenas de erotismo, las batallas, las guerras y el lector siente la pasión, la tragedia, la violencia, la traición y sobre todo amor. Además a lo largo de todo el viaje de treinta años el lector constantemente está aprendiendo. Es como aprender una lección de historia a la vez pasándolo bien viviendo la aventura de un príncipe en una novela de ficción. 

9) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

El libro toca todas las emociones y todas las cuerdas pero el mayor orgullo que siento es por las escenas románticas. Pensé en poner una escena erótica pero al final prefiero el romanticismo y los que lean la novela tendrán la oportunidad de saborear esas escenas en solitario. 


Después de pasear por los jardines y recoger flores, solía volver a la cama cuando Maryam aún estaba dormida como un brote acurrucado y a punto de resplandecer con dos lunas cristalinas. Mientras permanecía en ese estado de somnolencia, vestía su cuerpo desnudo con los pétalos de las flores que había cogido en el jardín. Le colocaba un lirio o una azucena en el pelo detrás de la oreja, un color diferente por cada día de la semana, y luego adornaba su cuerpo con mirtos, margaritas, camomilas, violetas, narcisos y alhelíes. Observaba su cuerpo desnudo apenas tapado por finas mantas de seda y flores. Me parecía fascinante cómo entraba la luz del sol por el hueco de la ventana, directa a sus delicados tobillos y subía por sus piernas y caderas, iluminando las flores que adornaban su cuerpo. La luz amarillenta llegaba hasta su cuello, la parte más tierna; su barbilla fina y sus labios, que escondían la puerta de su alma; su nariz, perfectamente esculpida, y los ojos... Cuando la primera luz del sol llegaba a sus ojos, producía un ligero efecto de fuego ardiente que hacía que la princesa abriera las lunas cristalinas poco a poco, pero el sueño la vencía y los volvía a cerrar. Intentaba esconder la sonrisa porque sabía que estaba allí mirando, porque sentía las flores por todo su cuerpo. Aún con los ojos cerrados, respiraba hondo inhalando todo el perfume natural de las flores y se daba la vuelta tímidamente. Ella sabía que su león estaba en la esquina observando, pero no sabía cuál sería mi siguiente movimiento. Yo solía permanecer en los cojines de la esquina del cuarto simplemente observando, o me acercaba a la cama para apreciar mi tesoro de cerca. Era sin duda la flor más bonita de todo mi jardín y ella lo sabía, algo que me hacía saber con su sonrisa que intentaba esconder. Y entonces, pronunciaba la primera palabra del día, siempre era la misma, una palabra tan sencilla y tan común que solo ella podía convertirla en una perla con su voz celestial de princesa: «Ho-la», y sonreía de nuevo diciéndome que estaba bien y era feliz. 
Cuando ya se despertaba del todo y los delicados dedos de sus pies tocaban las lozas de mármol, la bañaba en un mar de besos tiernos y apasionados, y luego le preparaba otro baño de agua caliente que traía de los baños de vapor. La cogía en brazos metiéndola suavemente en el agua tibia llena de nenúfares y pétalos de rosa. Sacaba la esponja de mar, traída de los océanos griegos del Egeo, y se la pasaba por cada milímetro de su piel. Cuando terminaba, la secaba con mantas de algodón teñido de Egipto . Había veces en las que después del baño aún estaba dormida o en un estado de relajación como si fuera una gata con los ojos cerrados. Encargaba a los alquimistas hacerme aceites de los narcisos, jazmines y rosas que recogía del jardín y con estos aceites masajeaba todo su cuerpo, desde los dedos de los pies hasta los hombros, y luego su cabello, y otra vez los hombros y el cuello. Definía esa primera hora de la mañana, cuando empezaban a abrir sus lunas de porcelana, como «la hora de la princesa». Seguí ese rito cada uno de los días de mi vida con ella. 

Un día, mientras estaba sentada peinándose, me fijé en su extraordinaria belleza y de la nada apareció otra mujer justo a su lado, una igual de bella que ella. Me obsesioné con la hermosura de esta otra mujer y me sentí culpable por haber pecado alzando una mirada de lujuria en otra. Me sentí avergonzado. Con sentido de culpabilidad, celosamente me acerqué a Maryam y me arrodillé ante ella para estar a la altura de su cabeza. Escondí la cara en sus voluminosas mechas castañas con destellos pelirrojos como el sol. De la timidez agachó la cabeza, pero delicadamente le sujeté la cara de porcelana entre mis dedos, alzándola hacia arriba para que viera su imagen en el espejo. 

—Ojalá me miraras como cuando te miras en el espejo, porque la única que podría medirse con tu hermosa belleza es tu propio reflejo. 





JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

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