viernes, 17 de marzo de 2017

CRÓNICA DE LA RUTA SOBRE "CAROLUS" DE CAROLINA MOLINA

El día 11 de marzo a las 10.30h de la mañana, comenzamos la ruta por los escenarios granadinos de la novela histórica «Carolus» de Carolina Molina, recientemente publicada por Ediciones B. 


Carlos III, uno de los personajes centrales del libro, compite con Lorenzo de Elvira y Gil López, los dos granadinos de esta divertida historia. Gracias a ellos conseguimos elaborar un itinerario interesante y bastante desconocido ambientado en el s. XVIII, sus costumbres y curiosidades.

El siglo de las pelucas y de los cortejos, de los tontillos y el lunar de terciopelo, se apoderó de las calles de Granada. Desde la Plaza de Mariana Pineda comenzamos a recorrer un periodo muy desconocido de esta ciudad, el de la Ilustración, momento histórico en el que aún quedaban restos de viejos monumentos, como el castillo de Bibataubín y la puerta cercana de la que tomó su nombre. 

En la Rondilla de Granada, es decir, en los alrededores de la Plaza del Campillo, por donde aún pasaba el río Darro y se encontraba la Puerta de la Rambla, luego llamada del Rastro y finalmente Puerta Real, imaginamos cómo era la vida de los actores y actrices que representaban en el coliseo cercano. 

Antes de llegar a la Plaza de Bib Rambla ya conocíamos a Carlos III y a su esposa María Amalia íntimamente, con sus costumbres diarias y peculiaridades. El niño rubio que sostenía Isabel de Farnesio, su madre, en este cuadro se hizo hombre e impulsó la modernización de las ciudades dando alas a los mejores arquitectos del momento. Las calles se iluminaron, se sanearon, se embellecieron.


Carlos III fue proclamado rey en Granada un 20 de enero de 1760 y al llegar el momento de la tremolación de la bandera frente a la Casa de los Miradores en la Plaza de Bib-Rambla, con el consabido « ¡Silencio! ¡Silencio! ¡Oíd!» se convirtió también en rey granadino.

Para este rey madrileño pero forjado en experiencia italiana no le era desconocido el carácter andaluz. Que se sepa vivió unos meses en la propia Alhambra junto a sus padres buscando la serenidad de espíritu que le faltaba al gran Felipe V, su progenitor. Tal vez por eso amparó con gran entusiasmo el catálogo de las Antigüedades Árabes de España en donde ilustraron las bellezas arquitectónicas de la Alhambra.

Bajo su reinado tuvo también lugar uno de los hechos más vergonzosos de la arqueología española: las falsificaciones de los hallazgos romanos en el Albayzin. En la ruta se recordó a Juan de Flores y el juicio que terminó en Plaza Nueva con la destrucción de todo lo hallado, pues duda había de diferenciar lo real de lo falsificado.

Por el bosque de la Alhambra, Carolina Molina, fue alternando curiosidades con costumbres del s. XVIII, llegando ya al Carmen de los Mártires en donde era obligada una foto de grupo junto a Carlos III, es decir, Carolus.




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