lunes, 10 de abril de 2017

ÁLVARO ARBINA NOS HABLA SOBRE SU NOVELA: "LA MUJER DEL RELOJ"

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.


Soy Álvaro Arbina, un joven de 26 años con la incertidumbre de un recién salido al mundo de los adultos, el laboral, el de la emancipación. Se acabó la universidad e intento abrir puertas sin mirar demasiado lejos. Ahora estoy centrado en la literatura, aprovechando esta oportunidad que se me ha brindado. Me gusta la sencillez, escribir, leer, ir al cine, salir a correr por el monte, dedicar mi tiempo a los seres queridos. Intento no desviarme de eso, a la larga es lo de verdad tiene importancia.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

La mujer del reloj, Ediciones B, 2016.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

La mujer del reloj es una novela de carácter histórico, a caballo entre el thriller y el género policíaco, que transcurre a lo largo de los cinco años que duró la guerra de la Independencia (1808-1813). 

Lo que he pretendido con ella es hacer sentir a otros lo que yo a veces siento leyendo. El germen que me llevó a escribir, a embarcarme en una empresa tan sacrificada como esta. Es una fuerza superior a mí, que me gustaría poder transmitir a los lectores, poder hacerles sentir ese placer, esa seducción por un mundo y unos personajes. Una novela pageturner, como dicen los ingleses. Y me gustaría que, al final, tras la última página, sintieran un momento de suspense, de silencio. Ese momento en el que crees haber aprendido algo, que has reflexionado sobre lo que somos y sobre lo que nos rodea. 

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado en ambos formatos con Ediciones B, en su colección histórica. 

http://www.edicionesb.com

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Tal vez mi preferido sea Louis Le Duc, el antagonista de la novela. Porque ésta es una historia clásica, de héroes y villanos en la contraportada, y de tonalidades grises en las tripas de la novela. Después de tanto tiempo, el francés es un personaje que aún me sigue asustando.

Julián Aldecoa Giesler es el eje de la novela, el protagonista, nuestra mirada principal de lo que sucedió. Él es el puente que me permite unir dos épocas. Es, probablemente, la razón de que pudiera escribir esta novela sin perderme en arenas movedizas. 

Román Giesler, el mentor de Julián, Clara Díaz de Heredia, el contrapeso del amor…


6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Realmente desconozco con exactitud el origen de La mujer del reloj. Creo que aglutina vivencias, aprendizajes, recuerdos y emociones que, de alguna manera, terminaron entrando en mí para quedarse. No es una historia concreta, tal vez sea la mía, y con esto no quiero decir que hable sobre mi vida. Sino que toda novela se basa en la historia desordenada e inconexa que lleva el escritor dentro. Él decide lo que emplea en la escritura. Él juega con lo que tiene. Al fin y al cabo, escribir es eso, cosechar lo sembrado en el pasado. Extraer lo que uno lleva dentro. Inspirarse en lo que existe para crear algo nuevo. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Dos años de escritura, compaginados con la universidad. Los primeros diez meses fueron de maduración de la idea y documentación, que va ascendiendo en grados de profundidad, hasta alcanzar la verosimilitud y realismo para construir un mundo autosuficiente, que transporte al lector a principios del siglo XIX. Bebí de todo tipo de fuentes, descubriendo que algunas eran más efectivas que otras. Al fin y al cabo, era mi primera novela, y tenía que exprimir al máximo mis capacidades como autodidacta. Los libros de historia sirven para entender la época desde una perspectiva global, pero al mismo tiempo ofrecen los matices y detalles necesarios para adoptar diferentes puntos de vista, con sus contradicciones y complejidades, que explican realmente lo que sucedió entonces. Sin embargo, para escribir una novela uno necesita introducirse en el ambiente, mirar a través de la gente que entonces vivió, caminar entre ellos, entre sus calles y paisajes. Para ello es necesario leer mucha literatura. Y yo retomé muchos de los libros que me habían marcado siempre: aventuras de Pérez Reverte y Ken Follet, clásicos de la literatura… Pero la lectura era diferente, ya no consistía en el puro entretenimiento. Era un análisis, un intento de leer entre líneas, de descifrar los pilares que sostienen una novela, los trucos de aquella magia, de aquella pasión que generaban en mí. 

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

El episodio de la isla de Cabrera, el que dicen fue el primer campo de concentración de la Historia. Allí fueron hacinados más de catorce mil prisioneros franceses. Al final de la guerra sólo quedaban tres mil. No es sencillo encontrar información de lo que sucedió en esta isla prisión, desconocida para muchos; parece enterrada por los que construyeron la Historia.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Prefiero que antes de escucharme a mi hablar fuera de la novela, intentando venderla, se pregunte a otro que la haya leído. La promoción es indispensable para sobrevivir en este mundo, pero un autor no debería hablar fuera de la novela. Su territorio está acotado. Es ese. Las páginas entre las tapas donde va inscrito su nombre. 

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Prólogo del La mujer del Reloj:

La habitación está vacía. 

Sólo hay un escritorio de nácar, en el centro, con varios cartapacios de cuero perfectamente ordenados, con un cenicero, una caja de cigarrillos, un candil, un tintero y una araña de cristal como pisapapeles. Sólo hay un sillón tapizado, una alfombra exótica, dos vitrinas llenas de objetos de oro y plata, varios cuadros y una escultura de origen griego. Sólo hay cuatro paredes, iluminadas por candelabros y cubiertas por cortinaje y un frisón de madera tallada.

Sólo hay un hombre, sentado sobre el sillón tapizado y con un cigarro humeando en la mano. 

Sólo hay un hombre, con el rostro oscuro, envuelto en tinieblas, velado por halos de humo que se suspenden en el aire. Sólo hay un hombre, un hombre que vaga a la deriva, un hombre que cree haber perdido el alma.

Sus ojos, antaño intensos y bellos, carecen de brillo, y yacen hundidos en el abismo de la desesperanza. Su mirada busca un anhelo, y se posa en la luz de un candil cercano, en un extremo de la mesa. Sus haces amarillentos parecen aliviar su mente, envolviéndola en un manto cálido y haciéndola viajar en el tiempo, muchos años antes, al origen de sus recuerdos, los recuerdos de la historia que le ha llevado a una habitación vacía…






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